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"Fuego de Espadas: una noche donde la alta gastronomía, el fuego y los sentidos fueron protagonistas en Celeiro Brazza Acapulco"

"El chef Daniel Loya y el sommelier Cándido Gaeta guiaron una experiencia culinaria única que fusionó técnica, creatividad, tradición brasileña y maridajes de clase mundial."


Por Restaurantes en Acapulco

Hay cenas que se recuerdan por un platillo. Otras por un vino. Algunas por una conversación.

Y existen noches excepcionales donde cada elemento encuentra su lugar para construir una experiencia completa.

Eso fue precisamente lo que ocurrió durante la cena maridaje "Fuego de Espadas", una propuesta creada por el chef Daniel Loya en Celeiro Brazza Grill & Churrascaria, donde la cocina mexicana contemporánea, la tradición brasileña de las espadas y una cuidada selección de maridajes se unieron para ofrecer un recorrido gastronómico memorable.

Desde el primer momento quedó claro que no se trataba de una cena convencional.

Más que una sucesión de platillos, la propuesta fue concebida como una narrativa culinaria donde cada tiempo representaba un capítulo distinto de una historia construida a través de sabores, texturas, aromas y emociones.


El inicio: frescura para despertar los sentidos

La experiencia comenzó con un hummus artesanal servido en frío, emulsionado hasta alcanzar una textura sedosa y acompañado por delicadas notas de albahaca, hojas frescas, limón y aceite de ajo elaborado en casa.

La sencillez aparente escondía una ejecución precisa donde cada ingrediente cumplía una función específica para despertar el paladar sin saturarlo.

El maridaje diseñado por el sommelier Cándido Gaeta encontró su complemento perfecto en una refrescante caipiriña de frutos rojos, cuyos matices cítricos y afrutados reforzaron la frescura del plato y dieron la bienvenida a un recorrido gastronómico inspirado en Brasil.


Un homenaje contemporáneo al taco al pastor

El segundo tiempo representó una de las reinterpretaciones más interesantes de la noche.

A través de una tostada contemporánea inspirada en el taco al pastor, Daniel Loya tomó uno de los grandes clásicos de la gastronomía mexicana y lo transformó mediante técnica, textura y equilibrio.

La preparación integró una base inspirada en el pastor tradicional, un cremoso de serrano e hinojo, además de piña tatemada cuidadosamente caramelizada al fuego.

El maridaje con un Villa Vestea Adonis Montepulciano d'Abruzzo italiano aportó estructura, acidez y notas frutales que armonizaron perfectamente con los matices ahumados y dulces del plato.


México y Brasil dialogan en la parrilla

El tercer tiempo marcó la entrada definitiva a la esencia brasileña de la velada.

El chef presentó un camarón acompañado de palmito brasileño llevado directamente al grill y terminado con mantequilla especiada.

La aparición de las tradicionales espadas de Celeiro Brazza añadió espectáculo y autenticidad a una preparación donde los contrastes entre texturas, temperaturas y sabores se convirtieron en protagonistas.

La elección del vino blanco Diamante de Rioja, elaborado principalmente con uva Viura, aportó notas florales y frutales que realzaron la delicadeza del camarón y la elegancia del palmito.


El taco de picaña que conquistó la noche

Uno de los momentos más celebrados llegó cuando Daniel Loya abandonó momentáneamente la distancia entre cocina y comensal para montar personalmente un taco de picaña frente a los invitados.

La carne fue cortada directamente desde las espadas brasileñas y servida sobre una tortilla acompañada por una delicada quenelle de puré de coliflor y salsa macha al gusto.

La experiencia fue enriquecida por la participación de la chef Mariana, del restaurante Ronda Brasa, quien colaboró durante el montaje de este tiempo.

La armonía llegó de la mano de un elegante Tempranillo de Rioja seleccionado por Cándido Gaeta, cuyo equilibrio y estructura permitieron exaltar la profundidad del corte sin restarle protagonismo.


El valor de la paciencia: lengua y jus de 24 horas

Si hubo un plato capaz de demostrar la técnica detrás de la propuesta culinaria, fue la lengua acompañada por un extraordinario jus elaborado durante 24 horas.

La reducción, obtenida a partir de huesos cocinados lentamente para extraer colágeno y profundidad de sabor, aportó una complejidad notable al plato.

La lengua, cocinada con precisión hasta alcanzar una textura suave y elegante, encontró en el jus el complemento ideal.

Para acompañar este tiempo, Cándido Gaeta apostó por una elección poco convencional y sumamente acertada: un tequila Doble 50 de Casa Cuervo.

Sus notas de vainilla, miel, frutos secos y barrica demostraron que un gran destilado mexicano puede generar armonías tan complejas y sofisticadas como las de cualquier vino de alta gama.


La sorpresa que no estaba en el menú

Cuando parecía que la experiencia se acercaba a su final, el chef sorprendió a los asistentes con un tiempo adicional inspirado en uno de los invitados de la noche.

La cocina preparó una costilla de cocción lenta servida sobre pan artesanal y acompañada por un puré elaborado especialmente para la ocasión.

La sorpresa continuó con una exquisita costilla de cordero acompañada por jalea de menta, logrando uno de los contrastes más elegantes de toda la cena.

Más allá de su extraordinario sabor, este momento dejó ver una de las mayores virtudes de la hospitalidad gastronómica: la capacidad de escuchar, improvisar y crear experiencias irrepetibles para los comensales.


El gran final: chocolate, café y coñac

El cierre estuvo a la altura de la noche.

Daniel Loya presentó un refinado triple ganache de chocolate acompañado por merengue italiano flameado para recrear las notas de un malvavisco tostado, una quenelle de café, ralladura de limón, menta fresca y pistache.

Cada elemento aportó una dimensión distinta al plato, generando una experiencia compleja y perfectamente equilibrada.

Para acompañarlo, Cándido Gaeta eligió un ícono mundial: Rémy Martin V.S.O.P. Fine Champagne Cognac.

Sus notas de vainilla, caramelo, nuez moscada, madera y cacao encontraron una afinidad extraordinaria con las distintas capas del postre, dando lugar a un cierre elegante y profundamente memorable.


Más que una cena, una experiencia gastronómica

Lo que hizo especial a "Fuego de Espadas" no fue únicamente la calidad de sus ingredientes ni la precisión de sus maridajes.

Fue la capacidad del chef Daniel Loya para construir una narrativa culinaria donde cada tiempo tenía un propósito, donde cada sabor contaba una historia y donde la interacción con los invitados formó parte esencial de la experiencia.

El acompañamiento del sommelier Cándido Gaeta elevó cada plato mediante maridajes cuidadosamente seleccionados que permitieron descubrir nuevas dimensiones aromáticas y gustativas.

Esta experiencia también fue posible gracias al liderazgo y visión del equipo que hace de Celeiro Brazza uno de los conceptos gastronómicos más interesantes de Acapulco.

Nuestro reconocimiento y agradecimiento a Armando Pedraza, gerente general de Celeiro Brazza Grill & Churrascaria, por impulsar experiencias gastronómicas que enriquecen la oferta culinaria del puerto, así como a Enrique Gayol, director corporativo, por su apuesta constante por la innovación, la calidad y la excelencia en el servicio.

Al final de la noche quedó una conclusión evidente.

La gastronomía no se trata únicamente de comer.

Se trata de emocionar.

Y en "Fuego de Espadas", cada plato, cada maridaje y cada conversación alrededor de la mesa lograron precisamente eso: crear recuerdos capaces de permanecer mucho después de que el último bocado hubiera desaparecido.


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